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EL mUNDO colapsa, China Crece




TomDispatch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens


Introducción del editor de TomDispatch

¿Dónde llegará China en este siglo? Apenas puede haber una pregunta más importante. El colaborador regular de TomDispatch, Dilip Hiro, quien ha seguido de cerca los cambiantes equilibrios del poder global mientras la antigua “única superpotencia” del planeta se inclina hacia la decadencia, ofrece a continuación un vívido cuadro de una potencial superpotencia ascendiente que supera los malos tiempos cuando nos orientamos hacia un planeta multipolar.

Existe, sin embargo, una visión más negativa de adónde puede estarse orientando China. Consideremos, por ejemplo el reciente artículo de Peter Kwong: "No Reform or Relief in China," [Ninguna reforma o alivio en China] que sugiere un punto de vista mucho más deprimente de las circunstancias de ese país, o el fascinante reciente ensayo de James Fallows en Atlantic: "Interesting Times" [Tiempos interesantes], que presenta una China capaz de utilizar este duro momento económico (como EE.UU. podría no hacerlo) para lanzar un nuevo Gran Salto Económico Adelante, pero hace un impactante resumen de las malas noticias que esperan a China ahora mismo. Considero que Hiro es persuasivo en gran parte porque desde hace tiempo he estado convencido de que el poder de EE.UU. decae, pero tengo mis propias advertencias cuando se trata del éxito futuro de China. En primer lugar, soy bastante viejo como para recordar el período en los años ochenta en el que Japón era ungido anticipadamente como la nueva superpotencia económica del Planeta Tierra. (Entonces hubo incluso un libro muy recomendado intitulado “Japón como Número Uno: lecciones para EE.UU.”)

Tal vez China llegue realmente a ser el futuro número uno con muchas “lecciones para EE.UU.,” economía muy dependiente de las exportaciones depende profundamente, por el momento, de la suerte de la economía tambaleante de EE.UU. (y de la salud del dólar). Mientras tanto, el Partido Comunista de China, que mandó al diablo hace tiempo su ideología revolucionaria, ahora basa su régimen en un fundamento que puede ser resumido en una vieja frase post maoísta: “enriquecerse es glorioso” – y, por cierto, en el poder represivo del Estado. Es el gobierno de un partido extremadamente obligado a tener “éxito.” ¿Quién sabe qué podrá significar el impacto de un fracaso generalizado, gracias a un prolongado crac global o estadounidense?

Teniendo esto presente, quisiera presentar un tema pasado por alto. Hay muchas maneras en las que China, como civilización, impresiona por su singularidad. (Después de todo, ¿cuántos sitios en el planeta tuvieron tiendas de antigüedades en el Siglo XIV?) Pero hay algo en lo que seguramente es incomparable: su tradición de 2.000 años de vastas rebeliones campesinas milenarias en tiempos malos que partieron de áreas remotas y que amenazaron a dinastías tambaleantes.

Desde la rebelión de los turbantes amarillos de una secta mesiánica taoísta en el año184 de nuestra era a la revolución comunista de Mao ZeDong en los años treinta y cuarenta, esos levantamientos han sido innumerables. Una semejante rebelión campesina hizo caer a la dinastía Ming a mediados del Siglo XVII; la gran rebelión de los Taiping, dirigida por un gurú con una nueva religión propia, parcialmente cristiana, casi derribó a la siguiente dinastía Ching, en los años cincuenta y sesenta del Siglo XIX (se estima que 20 millones de personas murieron en ella); y en menor escala, la Rebelión de los Bóxer a fines del Siglo XIX, seguida sólo algo más de medio siglo después por la victoria de la revolución campesina de Mao.

Sí, Rusia tuvo algunas rebeliones campesinas, Brasil tuvo una en el campo, y Francia también tuvo su revolución así como su revuelta en la Vendée, pero no hay nada en la Tierra como la tradición rebelde de China.

Podéis estar seguros de que la actual dirigencia entiende bien esta historia; de ahí, aunque nadie en EE.UU. lo vea de esa manera, la reacción abrumadoramente represiva a la secta religiosa Falun Gong. También es indudable que sus dirigentes también entienden que la actual religión estatal de “crecimiento” es sacrosanta y, por el momento, peligrosamente suspendida por el aumento lo que llaman “incidentes masivos” (protestas). Se estima que ya hay unos 20 millones de trabajadores migrantes desocupados en el país. No es que se aproxime algo como una versión moderna, todavía inimaginable, de una rebelión campesina tradicional, pero en vista de la actual catástrofe económica y la historia de China, no puede ser excluida cuando tratamos de imaginar la suerte del país como una posible futura superpotencia.

Ahora, dejemos que Dilip Hiro nos presente lo que hace que China sea, a pesar de todo, económicamente notable, incluso en nuestro momento catastrófico. Tom

Contra todas las adversidades

El mundo colapsa, China crece

Dilip Hiro

En medio de la peor crisis económica desde la Gran Depresión, emerge un nuevo orden mundial – y su centro gravita hacia China. Las estadísticas hablan por sí solas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) predice que el producto interno bruto del mundo (PIB) se reducirá en un alarmante 1,3% este año. Sin embargo, desafiando esa tendencia global, China espera un crecimiento económico anual entre un 6,5% y un 8,5%. Durante el primer trimestre de 2009, los principales mercados bursátiles del mundo combinados cayeron en un 4,5%. En contraste, el índice de la bolsa de Shanghái pegó un salto de sorprendentes 38%. En marzo, las ventas de coches en Chine llegaron a un récord de 1,1 millones, sobrepasando a EE.UU. por el tercer mes consecutivo.

“A pesar de su severo impacto sobre la economía de China,” dijo el presidente chino Hu Jintao, “la actual crisis financiera también crea oportunidades para el país.” Puede argumentarse que el actual tsunami fiscal ha dado a China, en los hechos, una posibilidad de descartar la principal línea directiva de su reformador pionero. “Ocultad vuestra capacidad y esperad,” así lo dijo el antiguo jefe del Partido Comunista, Deng Xiaoping. Ya no.

Reconociendo que ciertamente ha llegado su hora, Beijing ha decidido jugar un rol activo, intervencionista, en la arena financiera internacional. Respaldados por los 2 billones de dólares en reservas de divisas extranjeras de China, sus industriales han salido en una orgía global de compras en África y Latinoamérica, así como en las vecinas Rusia y Kazajstán, para asegurar futuros suministros de energía para su voraz economía. En casa, el gobierno invierte fuertemente no sólo en la importante infraestructura, sino también en su tan descuidada red de seguridad social, su sistema de atención sanitaria, y proyectos de desarrollo rurales pasados por alto durante mucho tiempo – en parte para colmar la brecha cada vez más amplia entre los niveles de vida rurales y urbanos.

Entre los impresionados por los progresos que Beijing ha hecho desde el lanzamiento de su paquete de estímulo de 585.000 millones de dólares en septiembre, se encuentra el gobierno de Obama. Considera el continuo aumento del PIB de China como un correctivo efectivo para la contracción del PIB de casi todas las demás grandes economías del planeta, con la excepción del de India. De modo que ha dejado de argüir que, al infravalorar su divida – el yuan – respecto al dólar de EE.UU., China hace que sus productos sean demasiado baratos, colocando así los productos competidores de EE.UU. en una situación de desventaja en los mercados externos.

El secreto del éxito de China

¿Cuál es el secreto del continuo éxito de China en los peores tiempos? Para comenzar, su sistema bancario – controlado por el Estado y repleto de dinero – ha abierto plenamente sus llaves de paso para préstamos, mientras el crédito bancario en EE.UU. y en la Unión Europea sigue trabado, si no totalmente cortado. Por lo tanto, los gastos de consumo y de inversión de capital han aumentado fuertemente.

Desde que China se lanzó hacia la liberalización económica bajo el liderazgo de Deng Xiaoping en 1978, ha vivido altos y bajos económicos, incluyendo una alta inflación, deflación, recesiones, un desarrollo disparejo de sus regiones, y una creciente brecha entre ricos y pobres, así como entre la población urbana y rural, - características todas asociadas con el capitalismo.

Aunque los dirigentes comunistas chinos han reaccionado con una gama familiar de instrumentos fiscales y monetarios como ser el ajuste de tasas de interés y el suministro de dinero, han logrado los resultados deseados más rápido que sus homólogos capitalistas. Se debe primordialmente al sistema bancario controlado por el Estado, en el que, por ejemplo, los bancos de propiedad estatal actúan como depositarios para los ahorros obligatorios de todos los empleados.

Además, la ley de “una pareja, un niño,” promulgada en 1980 para controlar la explosión de la población de China, y una rápida disminución en la red de apoyo social del Estado para empleados en empresas de propiedad estatal, obligaron a los padres a ahorrar. Si a esto se agrega el anterior colapso de un programa de seguro de salud cooperativo rural dirigido por cooperativas y comunas agrícolas – muchos de los padres chinos se quedaron sin una garantía de que se les cuidara en sus años avanzados. Resultó ser un incentivo adicional para ahorrar dinero. El aumento resultante en los ahorros llenó los cofres de los bancos controlados por el Estado.

A eso se agregó la admisión de China a la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001, que condujo a un aumento dramático de sus exportaciones. Una expansión económica promedio de un 12% por año se convirtió en la norma.

Cuando el desplome crediticio en Norteamérica y la UE causó una baja considerable de las exportaciones de China, privando de trabajo a millones de trabajadores migrantes en las industrializadas ciudades costeras, las autoridades en Beijing se concentraron en el control de la tasa de desempleo y en el mantenimiento de los salarios de los que contaban con trabajo. Pueden ahora reivindicar una tasa de desempleo urbano de sólo un 4,2% porque muchos de los trabajadores industriales despedidos volvieron a sus aldeas. Los que no lo hicieron fueron alentados a alistarse en programas de readaptación patrocinados por el gobierno para aumentar sus capacidades a fin de conseguir mejores puestos de trabajo en el futuro.

Mientras la mayoría de los dirigentes occidentales no hicieron otra cosa que reprender a banqueros que se llenaban los bolsillos con bonificaciones mientras las hojas de balance de sus compañías se teñían de rojo, el gobierno chino obligó a los máximos gerentes de las principales compañías de propiedad estatal a reducir sus salarios entre un 15% y un 40% antes de tocar la remuneración de su fuerza laboral.

Para asegurar la continua y rápida expansión de la economía de China, que está directamente relacionada con el nivel de consumo de energía del país, sus dirigentes están suscribiendo muchos contratos para futuros suministros de petróleo y gas natural con corporaciones extranjeras.

Seguridad energética

Una vez que China se convirtió en importadora de petróleo en 1993, resultó ser voraz. Sus importaciones se duplicaron cada tres años. Esto la hizo vulnerable a los caprichos del mercado internacional del petróleo y llevó al gobierno a introducir la seguridad energética en su política exterior. Decidió participar activamente en proyectos de exploración de hidrocarburos y de producción de energía en el extranjero así como en la construcción transnacional de oleoductos. A estas alturas, la diversificación de las fuentes extranjeras de petróleo y gas de China (así como su transporte) se ha convertido en un principio cardinal de su ministerio de exteriores.

Consciente de la volatilidad de Oriente Próximo, la principal fuente de exportaciones de petróleo, China ha buscado por todas partes depósitos de petróleo y de gas natural en África, Australia y Latinoamérica, junto con otros minerales necesitados por la industria y la construcción. En África, se concentró en Angola, Congo, Nigeria, y Sudán. En 2004, las importaciones de petróleo de esas naciones de China tenían tres quintos del tamaño de las de la región del Golfo Pérsico.

Más cerca de casa, China comenzó a concluir acuerdos energéticos con Rusia y la república centroasiática de Kazajstán mucho antes del impacto del actual colapso de los precios del petróleo y de la crisis crediticia global. Ahora, recuperándose del doble contratiempo de los bajos precios de la energía y de las restricciones crediticias, la principal compañía petrolera y operadora de oleoductos de Rusia acordó recientemente suministrar 300.000 barriles por día (bpd) adicionales de petróleo a China durante 25 años a cambio de un préstamo de 25.000 millones de dólares del Banco de Desarrollo de China, controlado por el Estado. Del mismo modo, una subsidiaria de la Corporación Nacional del Petróleo de China acordó prestar a Kazajstán 10.000 millones de dólares como parte de una sociedad conjunta para desarrollar sus reservas de hidrocarburo.

Del mismo modo, Beijing continuó sus avances en las regiones de petróleo y gas de Sudamérica. A medida que empeoraban las relaciones entre la Venezuela de Hugo Chávez y el gobierno de Bush, los lazos con China se fortalecían. En 2006, durante su cuarta visita en Beijing desde llegar a la presidencia en 1999, Chávez reveló que las exportaciones de petróleo de Venezuela se triplicarían en tres años a 500.000 bpd. Junto con un proyecto de refinería conjunta para tratar petróleo venezolano en China, las compañías chinas hicieron contratos para construir una docena de plataformas de perforación de petróleo, suministrar 18 buques tanque, y colaborar con PdVSA, la compañía petrolera estatal venezolana, para explorar nuevos campos petrolíferos en Venezuela.

Durante la visita a Sudamérica del vicepresidente chino Xi Jinping en enero de 2009, el Banco de Desarrollo de China acordó prestar a PdVSA 6.000 millones de dólares a cambio de petróleo que será suministrado a China durante los próximos 20 años. Desde entonces, China ha acordado doblar su fondo de desarrollo a 12.000 millones, a cambio de lo cual Venezuela aumentará sus embarques de petróleo de los actuales 380.000 bpd a un millón de bpd.

El Banco de Desarrollo de China decidió recientemente prestar a la compañía petrolera de Brasil 10.000 millones de dólares que serán pagados con suministros de petróleo en los próximos años. Esa cifra es casi tanto como los11.200 millones de dólares que el Banco Interamericano de Desarrollo prestó a varios países sudamericanos el año pasado. China había establecido anteriormente su presencia comercial en Brasil, ofreciendo precios lucrativos por su mineral de hierro y la soja, materias primas que han alimentado el reciente crecimiento económico de Brasil.

De modo similar, Beijing abrió nuevos horizontes en la región al dar acceso a Buenos Aires a más de 10.000 millones de dólares en yuanes. Argentina es uno de los tres mayores socios comerciales de China que obtuvieron esa opción, siendo los otros Indonesia y Corea del Sur.

¿Será el yuan una moneda internacional?

Sin mucha fanfarria, China ha comenzado a internacionalizar el papel de su divisa. Está en camino a aumentar el papel del yuan en Hong Kong. Aunque forma parte de China, Hong Kong tiene su propia moneda, el dólar de Hong Kong. Ya que Hong Kong es uno de los mercados financieros más libres del mundo, el acuerdo proyectado ayudará a internacionalizar el yuan.

En retrospectiva, un aspecto importante de la Cumbre del G-20 en Londres a comienzos de abril se centró alrededor de lo que hizo China. Dio a conocer públicamente su análisis en profundidad de la actual crisis fiscal y ofreció una solución audaz.

En un impresionante artículo en línea, Zhou Xiaochuan, gobernador del banco central de China, se refirió a las “crisis financieras globales cada vez más frecuentes” que han involucrado al mundo. El problema podía ser rastreado a agosto de 1971, cuando el presidente Richard Nixon sacó al dólar del estándar oro. Hasta entonces, 35 dólares compraban una onza de oro almacenado en barras en Fort Knox, Kentucky – la tasa fijada en 1944 durante la Segunda Guerra Mundial por los Aliados en una conferencia en Bretton Woods, Nueva Hampshire. Entonces, el dólar también fue nombrado divisa de reserva del globo. Desde 1971, sin embargo, no ha sido respaldado por nada más tangible que el crédito de EE.UU.

Un vistazo a la última década y media muestra que sólo entre 1994 y 2000, hubo crisis económicas en nueve países importantes que impactaron a la economía global: México (1994), Tailandia-Indonesia-Malasia-Corea del Sur-las Filipinas (1997-98), Rusia y Brasil (1998), y Argentina (2000).

Según Zhou, las crisis financieras resultaron cuando las necesidades interiores del país que emite una divisa de reserva entraron en conflicto con los requerimientos fiscales internacionales. Por ejemplo, como resultado de la desmoralización causada por los ataques del 11-S, el Consejo de la Reserva Federal de EE.UU. redujo drásticamente las tasas de interés a un nivel casi récord de 1% para impulsar el consumo interior, en circunstancias en las que economías en rápida expansión fuera de EE.UU. necesitaban tipos de interés más elevados para calmar sus tasas de crecimiento.

“La [actual] crisis necesita nuevamente una reforma creativa de la divisa de reserva internacional existente,” escribió Zhou. “Una divisa súper-soberana de reserva administrada por una institución global podrá ser utilizada para crear y para controlar la liquidez global. Eso reducirá significativamente los riesgos de futuras crisis y realzará la capacidad de gerenciamiento de la crisis.”

Luego aludió a los Derechos Especiales de Giro (SDR) del Fondo Monetario Internacional. Los SDR constituyen una divisa virtual cuyo valor es fijado por un “canasto” de divisas compuesto del dólar de EE.UU., el euro europeo, la libra británica, y el yen japonés, todos los cuales se cualifican como divisas de reserva, y el dólar es el líder. Desde que se inventaron los SDR en 1969, el FMI ha mantenido sus cuentas en esa moneda.

Zhou señaló que todavía no se ha permitido que los SDR jueguen plenamente su papel. Si se realzara ese papel, argumentó, podrían convertirse un día en la divisa global de reserva.

La idea de Zhou recibió una reacción positiva del Kremlin, que sugirió que se agregara el oro al canasto de divisas del FMI como elemento estabilizador. Su propia divisa, el rublo, ya está estabilizado en un canasto que consiste un 55% del euro y un 45% del dólar estadounidenses. Dentro de una década de su lanzamiento, el euro se ha convertido en la segunda reserva más usada del mundo, con cerca de un 30% del total en comparación con un 67% del dólar.

La reacción inmediata del Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, al artículo de Zhou fue: “La sugerencia de China merece una cierta consideración.” Los nerviosos mercados financieros en EE.UU. lo tomaron como una señal del Secretario del Tesoro de que el dólar estaba perdiendo su primacía. Geithner dio marcha atrás. Y el presidente Obama salió a la palestra diciendo: “No pienso que haya necesidad de una divisa global. Ahora mismo el dólar es extraordinariamente fuerte.”

En realidad, manteniendo la acostumbrada discreción china, Zhou nunca mencionó la condición del dólar de EE.UU. en su artículo, ni siquiera implicó que el yuan debería ser incluido en la divisa súper-soberana que propuso. Sin embargo, es obvio para todos que, en un momento crucial – cuando los dirigentes del mundo están a punto de reunirse en Londres para encontrar un camino para neutralizar la crisis fiscal más severa desde la Gran Depresión – una China que había aguardado su oportunidad, a pesar de que tenía la tercera economía por su tamaño del planeta, estaba mostrando una mano firme.

Todas las señales apuntan a que Washington no logrará recuperar el status quo después de que la actual “gran recesión” haya terminado al ceder el paso a la recuperación. En los próximos años, sus dirigentes tendrán que enfrentar la realidad y conceder, aunque sea renuentemente, que las placas tectónicas económicas se están moviendo – y que están perdiendo el poder financiero a favor de las prósperas regiones de la Tierra, la principal de ellas, China.

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Dilip Hiro es autor de “Secrets and Lies: Operation "Iraqi Freedom” y, más recientemente de “Blood of the Earth: The Battle for the World's Vanishing Oil Resources,” ambos publicados por Nation Books. Su próximo libro: “The Rise of a Multipolar World” será publicado este año por Nation Books.

Copyright 2009 Dilip Hiro

http://www.tomdispatch.com/post/175067/dilip_hiro_the_newest_superpower

Bajo la Lupa ¿Qué sigue a la bancarrota del capitalismo neoliberal, según Hobsbawm?


Alfredo Jalife-Rahme
Son tiempos de serenidad y meditación cuando los grandes pensadores (nota: que conste que enfatizamos, primero, que sean pensadores y, luego, grandes) del planeta ponderan los alcances de la desglobalización, como es el caso del historiador marxista británico Eric Hobsbawm en su luminoso articulo El socialismo fracasó. Ahora el capitalismo ha quebrado. ¿Qué sigue? (The Guardian, 10/4/09) que sintetiza así: “independientemente del logo (sic) ideológico que se adopte, el viraje del mercado libre a la acción pública necesita ser mayor de lo que los políticos captan”.

Eric Hobsbawm no es un vulgar propagandista, como cierto tipo de seudo-historiadores mexicanos, muy bien amamantados por el sistema neoliberal desde hace 27 años y quienes acaban haciendo publicidad de Cemex o se convierten en amanuenses del presidente en turno. Hobsbawm es considerado, con justa razón, el icono contemporáneo de la historia occidental del siglo XIX (y eso que es un fenómeno en su conocimiento del siglo XX).

Deja atrás el siglo XX, con todas sus calamidades, cuando su idea básica que dominó la economía y la política desapareció patentemente en el desagüe (sic) de la historia, y critica que los humanos no hayan aprendido todavía cómo vivir en el siglo XXI.

Demuestra que el pensamiento que dominó en el siglo XX a las economías industriales modernas era en términos opuestos mutuamente excluyentes: capitalismo o socialismo con sus respectivas economías, una descontrolada de libre-mercado capitalista (que se derrumba ante nuestros ojos en la mayor crisis del capitalismo global desde la década de los 30) y otra de planificación estatal centralizada (que se derrumbó en la década de los 80, al unísono de los sistemas políticos comunistas europeos).

Aduce que la presente crisis es mucho mayor que la de los 30 debido a la globalización de la economía, que no estaba tan avanzada como ahora, y que tampoco afectó a la economía planificada de la URSS.

Cuando aún se ignora la gravedad y la duración de la presente crisis, lo seguro es que asistimos al final del capitalismo de libre mercado que capturó (sic) al mundo y a sus gobiernos, desde Margaret Thatcher y el presidente Reagan. Pues sí: baste ver a la manada de neoliberales mexicanos como muestra de botón global.

Hobsbawm coloca de relieve la impotencia (sic) de los adherentes tanto a un capitalismo de mercado, puro y sin estado, un género de anarquismo burgués internacional, como a un socialismo planificado descontaminado de la búsqueda del lucro privado. Ambos abordajes ideológicos se derrumbaron y ahora es tiempo de ver al futuro que pertenece a las economías mixtas (sic) en las que se encuentran entrelazados lo público y lo privado. La economía mixta es uno de los escenarios de nuestro libro Hacia la desglobalización.

Considera que tal entrelazamiento de lo público y lo privado representa un problema para la izquierda contemporánea. No lo dice explícitamente, pero se deduce que a la izquierda del siglo XXI le urge salir de su confusión economicista en la que se entrampó para encabezar el movimiento de salvación de la biosfera y de todos los seres vivientes de la creación. Tal es, a nuestro juicio, la enorme diferencia entre una izquierda aldeana y acomodaticia que remeda la competitividad neoliberal, con la izquierda biosférica y humanista del siglo XXI, donde el ser humano prevalece, por encima de la entelequia del mercado, como el eje central de la ecuación integral de la creación.

El insigne historiador marxista no padece nostalgia por el socialismo soviético al que fustiga por sus fallas políticas y su creciente lentitud e ineficiencia en sus economías, sin subestimar sus impresionantes logros sociales y educativos.

Desde la caída de la URSS al presente, cuando “hasta los partidos socialdemócratas o partidos moderados de izquierda en los países del capitalismo norteño y Australasia estaban comprometidos al éxito del capitalismo de libre mercado”, era impensable que un partido o líder denunciara al capitalismo como inaceptable, lo cual se ejemplifica por el Nuevo Laborismo británico, de Blair y Brown, que son óptimamente descritos, sin exageración, como unos Thatcher con pantalones. Agrega que lo mismo se puede decir del Partido Demócrata de Estados Unidos. Lo más sencillo consistiría en regresar a la caja de herramientas del viejo laborismo y reiniciar las nacionalizaciones, como si supiéramos qué hacer cuando aún se desconoce cómo superar la presente crisis.

A su juicio, una política progresista necesita más que una gran ruptura con las suposiciones económicas y morales de los pasados años 30. Se requiere un regreso a la convicción de que el crecimiento económico y su afluencia constituyen un medio y no un fin. El fin es lo que se consigue en las vidas, en las transformaciones y en la esperanza de la gente. ¡Genial!

Enuncia lo que pudiésemos definir como uno de los preceptos del manifiesto humanista del siglo XXI: La base de la política progresista no es maximizar el crecimiento económico y el ingreso personal, que debe ser “aplicado primordialmente para lidiar con la crisis ambiental, lo cual, independientemente del logo ideológico personal, significa un mayor viraje del libre mercado hacia la acción pública”.

La prueba de una política progresista no es privada, sino pública, no solamente elevando el ingreso y el consumo para los individuos, sino ampliando las oportunidades y lo que Amartya Sen denomina “las capacidades de todos a través de la acción colectiva”, lo que significa una “iniciativa pública no lucrativa, incluso si sólo redistribuye la acumulación privada”. Agrega una frase primorosa: las decisiones públicas deben estar destinadas al mejoramiento social colectivo en el que todas las vidas humanas deben beneficiarse.

A nuestro juicio, al capitalismo neoliberal le falta la poesía que le sobra al socialismo biosférico y humanista del siglo XXI. El grave problema de la desregulada globalización radica en que los países son gobernados, no por estadistas, sino por apparatchiks de la nomenklatura contable y financiera de las trasnacionales depredadoras, actividades que en la historia de las grandes civilizaciones (términos que hay que rescatar frente a la devastación barbárica del neoliberalismo global) siempre fueron ocupaciones menores frente al generoso desprendimiento de la meditación filosófica y las invaluables aportaciones de la ciencia pura, que juntas condicionan la sapiencia universal.

La crisis de la desregulada globalización financierista es peor que un fracaso de un paradigma económico: es el derrumbe axiológico y metafísico de la otrora civilización occidental que feneció en los avernos especulativos de los Sodoma y Gomorra posmodernos de Wall Street y la City.

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