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Bajo la Lupa ¿Qué sigue a la bancarrota del capitalismo neoliberal, según Hobsbawm?


Alfredo Jalife-Rahme
Son tiempos de serenidad y meditación cuando los grandes pensadores (nota: que conste que enfatizamos, primero, que sean pensadores y, luego, grandes) del planeta ponderan los alcances de la desglobalización, como es el caso del historiador marxista británico Eric Hobsbawm en su luminoso articulo El socialismo fracasó. Ahora el capitalismo ha quebrado. ¿Qué sigue? (The Guardian, 10/4/09) que sintetiza así: “independientemente del logo (sic) ideológico que se adopte, el viraje del mercado libre a la acción pública necesita ser mayor de lo que los políticos captan”.

Eric Hobsbawm no es un vulgar propagandista, como cierto tipo de seudo-historiadores mexicanos, muy bien amamantados por el sistema neoliberal desde hace 27 años y quienes acaban haciendo publicidad de Cemex o se convierten en amanuenses del presidente en turno. Hobsbawm es considerado, con justa razón, el icono contemporáneo de la historia occidental del siglo XIX (y eso que es un fenómeno en su conocimiento del siglo XX).

Deja atrás el siglo XX, con todas sus calamidades, cuando su idea básica que dominó la economía y la política desapareció patentemente en el desagüe (sic) de la historia, y critica que los humanos no hayan aprendido todavía cómo vivir en el siglo XXI.

Demuestra que el pensamiento que dominó en el siglo XX a las economías industriales modernas era en términos opuestos mutuamente excluyentes: capitalismo o socialismo con sus respectivas economías, una descontrolada de libre-mercado capitalista (que se derrumba ante nuestros ojos en la mayor crisis del capitalismo global desde la década de los 30) y otra de planificación estatal centralizada (que se derrumbó en la década de los 80, al unísono de los sistemas políticos comunistas europeos).

Aduce que la presente crisis es mucho mayor que la de los 30 debido a la globalización de la economía, que no estaba tan avanzada como ahora, y que tampoco afectó a la economía planificada de la URSS.

Cuando aún se ignora la gravedad y la duración de la presente crisis, lo seguro es que asistimos al final del capitalismo de libre mercado que capturó (sic) al mundo y a sus gobiernos, desde Margaret Thatcher y el presidente Reagan. Pues sí: baste ver a la manada de neoliberales mexicanos como muestra de botón global.

Hobsbawm coloca de relieve la impotencia (sic) de los adherentes tanto a un capitalismo de mercado, puro y sin estado, un género de anarquismo burgués internacional, como a un socialismo planificado descontaminado de la búsqueda del lucro privado. Ambos abordajes ideológicos se derrumbaron y ahora es tiempo de ver al futuro que pertenece a las economías mixtas (sic) en las que se encuentran entrelazados lo público y lo privado. La economía mixta es uno de los escenarios de nuestro libro Hacia la desglobalización.

Considera que tal entrelazamiento de lo público y lo privado representa un problema para la izquierda contemporánea. No lo dice explícitamente, pero se deduce que a la izquierda del siglo XXI le urge salir de su confusión economicista en la que se entrampó para encabezar el movimiento de salvación de la biosfera y de todos los seres vivientes de la creación. Tal es, a nuestro juicio, la enorme diferencia entre una izquierda aldeana y acomodaticia que remeda la competitividad neoliberal, con la izquierda biosférica y humanista del siglo XXI, donde el ser humano prevalece, por encima de la entelequia del mercado, como el eje central de la ecuación integral de la creación.

El insigne historiador marxista no padece nostalgia por el socialismo soviético al que fustiga por sus fallas políticas y su creciente lentitud e ineficiencia en sus economías, sin subestimar sus impresionantes logros sociales y educativos.

Desde la caída de la URSS al presente, cuando “hasta los partidos socialdemócratas o partidos moderados de izquierda en los países del capitalismo norteño y Australasia estaban comprometidos al éxito del capitalismo de libre mercado”, era impensable que un partido o líder denunciara al capitalismo como inaceptable, lo cual se ejemplifica por el Nuevo Laborismo británico, de Blair y Brown, que son óptimamente descritos, sin exageración, como unos Thatcher con pantalones. Agrega que lo mismo se puede decir del Partido Demócrata de Estados Unidos. Lo más sencillo consistiría en regresar a la caja de herramientas del viejo laborismo y reiniciar las nacionalizaciones, como si supiéramos qué hacer cuando aún se desconoce cómo superar la presente crisis.

A su juicio, una política progresista necesita más que una gran ruptura con las suposiciones económicas y morales de los pasados años 30. Se requiere un regreso a la convicción de que el crecimiento económico y su afluencia constituyen un medio y no un fin. El fin es lo que se consigue en las vidas, en las transformaciones y en la esperanza de la gente. ¡Genial!

Enuncia lo que pudiésemos definir como uno de los preceptos del manifiesto humanista del siglo XXI: La base de la política progresista no es maximizar el crecimiento económico y el ingreso personal, que debe ser “aplicado primordialmente para lidiar con la crisis ambiental, lo cual, independientemente del logo ideológico personal, significa un mayor viraje del libre mercado hacia la acción pública”.

La prueba de una política progresista no es privada, sino pública, no solamente elevando el ingreso y el consumo para los individuos, sino ampliando las oportunidades y lo que Amartya Sen denomina “las capacidades de todos a través de la acción colectiva”, lo que significa una “iniciativa pública no lucrativa, incluso si sólo redistribuye la acumulación privada”. Agrega una frase primorosa: las decisiones públicas deben estar destinadas al mejoramiento social colectivo en el que todas las vidas humanas deben beneficiarse.

A nuestro juicio, al capitalismo neoliberal le falta la poesía que le sobra al socialismo biosférico y humanista del siglo XXI. El grave problema de la desregulada globalización radica en que los países son gobernados, no por estadistas, sino por apparatchiks de la nomenklatura contable y financiera de las trasnacionales depredadoras, actividades que en la historia de las grandes civilizaciones (términos que hay que rescatar frente a la devastación barbárica del neoliberalismo global) siempre fueron ocupaciones menores frente al generoso desprendimiento de la meditación filosófica y las invaluables aportaciones de la ciencia pura, que juntas condicionan la sapiencia universal.

La crisis de la desregulada globalización financierista es peor que un fracaso de un paradigma económico: es el derrumbe axiológico y metafísico de la otrora civilización occidental que feneció en los avernos especulativos de los Sodoma y Gomorra posmodernos de Wall Street y la City.

Bajo la Lupa.- Norad/NorthCom: la militarización de la salud del ASPAN


Alfredo Jalife-Rahme

Antecedentes: los tan de moda Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (según su revista Emerging Infectious Diseases, vol. 12, núm. 1, enero 2006), detectaron el primer brote de influenza porcina AH1N1 en el fuerte militar Dix (Nueva Jersey, Estados Unidos) en 1976 (¡superextrasic!), donde 13 soldados padecieron una severa neumonía (uno falleció). El autor del estrujante documento, el galeno Joel C. Gaydos, pertenece a la Vigilancia de Infecciones Emergentes Globales y la Respuesta Sistémica, del Instituto de Investigación Walter Reed, del Pentágono.

Comenta que pese a los esfuerzos por definir los casos en el fuerte Dix, muchas preguntas permanecen sin responder (nota: ¡30 años después!), incluyendo las siguientes: ¿de dónde provino el virus?, ¿por qué se detuvo la transmisión?

Lo más macabro es que la vacunación forzada (supersic) de la población vecina por parte de Washington desembocó en mayores muertes, pero no por el AH1N1, sino por la vacuna.

Hechos: el gobierno de Calderón no goza de credibilidad global en materia sanitaria (ya no se diga electoral) y, en este sentido, se ha vuelto tan insalubre como el virus que pretende erradicar mediante la militarización de la salud –pese a las piruetas sofistas del anterior secretario de Salud foxiano, Julio José Frenk Mora (empleado de Microsoft y fanático de la globalización y sus intereses farmacológicos), en su colaboración espontánea al New York Times (1/5/09), muy liviana y endeble por su exagerada apología panista sin sustento.

A las feroces críticas que ha cosechado en el mundo el gobierno panista de Calderón, tanto por su pésimo manejo de la propagación del virus híbrido de la influenza como por su presunto ocultamiento inicial (y luego su extemporánea revelación simultánea al envío de enmiendas legislativas para una mayor militarización del país y la salud), se agrega la incredulidad de sus datos alegres que Stratfor (1/5/09), influyente portal estadunidense vinculado a sectores del Pentágono, tilda de nulamente confiables.

Por lo visto, los esclavos neoliberales de México no leen las instrucciones de sus amos del Foro Económico Mundial de Davos (Riesgos globales 2007) sobre el papel amplificador que juega la infodemia (infodemics), en el escenario A que titula La pandemia y sus descontentos (sic), y significa el rápido esparcimiento de inexacta o incompleta información puede amplificar los efectos del evento del riesgo nodal (Voces del Periodista, Los virus del ASPAN y el PAN, 1/5/09)

En este contexto de infodemia panista, desconcierta la ominosa declaración de Siti Fadilah Supari, ministra de Salud de Indonesia (que padeció los estragos del SARS y fue el más golpeado por la fiebre aviar en 2003), de que el letal virus de influenza porcina pudo haber sido manufacturado por el hombre (¡superextrasic!), Afp, 28/4/09.

Llama poderosamente la atención que la ministra indonesia haya rechazado compartir desde 2006 las muestras de la fiebre aviar con los investigadores de la OMS. ¿Cuál será la razón?

En el pasado, la ministra declaró que los gobiernos occidentales podrían estar fabricando y propagando los virus en el mundo en desarrollo para estimular las ganancias de las trasnacionales farmacéuticas. ¡Ah, caray! ¿Cómo puede existir tanta maldad de las trasnacionales neoliberales? ¿Este nuevo triple virus híbrido pudo haber sido producto de la ingeniería genética de los laboratorios mixtos militares y privados de EU?

Tampoco se puede soslayar el desmantelamiento de los sistemas de salud en México (antes, la Secretaría de Salud se llamaba de Salubridad y Asistencia que con la diarquía neoliberal de PRI y PAN ni es salubre ni mucho menos asistencial) debido al modelo neoliberal que beneficia a una plutocracia parasitaria (en especial, a Cemex) en detrimento de la salud pública de la nación entera.

¿Qué hicieron y para qué sirvieron los hospitales privados de México, volcados en el frenesí lucrativo, durante esta prepandemia viral?

Existen rubros inexpugnables de la biosfera y la vida común que por necesidad imperativa tienen que ser universal y localmente públicos: los bancos y los hospitales.

Ya vimos adónde llevó la privatización desregulada de la banca, otra pandemia invisible de unos cuantos y que afecta las vidas de más de 6 mil millones de habitantes del planeta. La pandemia neoliberal de la banca depredadora desembocó en la nacionalización invisible que deberá ser subsidiada por las víctimas.

Mientras la importante agencia británica Reuters (29/4/09) pregunta sarcásticamente ¿dónde se encuentra Calderón?, no proporciona confianza alguna el currículo médico nada edificante del desbrujulado panista José Ángel Córdova Villalobos (fue titular del instituto electoral de Guanajuato) para un puesto tan delicado que debe ser ocupado por los mejores galenos del país, que los hay, más allá de las primitivas cuotas electoreras.

Frente a la devastadora ausencia e ineptitud de las autoridades sanitarias panistas, que con justa razón han sido puestas bajo la picota global, no deseamos dudar del foco encontrado tardíamente, pero perturba la fuente: Biosurveillance, parte de Veratect, centro de reportes de epidemias vinculado a Wshington y al Pentágono (¡supersic!).

¿Se volvió la salud de los integrantes del ASPAN un asunto militar controlado por EU, específicamente por el Norad/NorthCom (por sus siglas en inglés): Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica y Comando Norte?

Pareciera que la agenda del Norad/NorthCom es más amplia de lo imaginable (ver Bajo la Lupa, “México, ¿primer cobayo de la guerra irregular del Pentágono?”, 15/4/09), si hacemos caso al artículo del polémico Matthew Rothschild (MR), quien levanta la probabilidad de que el Norad/NorthCom se haga cargo del brote de influenza porcina y se haya estado preparando en ejercicios (sic) ante la eventualidad de una pandemia de influenza en los recientes tres años (The Progressive, 24/4/09)”.

Señala en forma alarmante que el Comando Norte ha encargado para su tarea de combate antiviral desde hace seis meses (supersic) a la tercera división de infantería del ejército del equipo de combate de la primera brigada que en los recientes cinco años combatió en Irak.

El general Victor Renuart, jefe del Comando Norte, en una comparecencia en marzo (sic), notificó que estaba preparado para un brote de influenza desde México. ¡Qué omnisciencia!

Renuart declaró en entrevista a Heritage Foundation (de corte fascistoide) el pasado 20 de agosto que contaba con la colaboración de InfraGard, una célula (sic) del sector privado que agrupa a más de 30 mil (sic) empresarios que tienen acceso especial a la información confidencial de la FBI y que pueden ser encargados con tareas especiales (sic) y letales (sic) en tiempo de emergencia. ¿Se privatiza también la muerte?

Por cierto, InfraGard, apéndice de la FBI, participó en una conferencia hace casi tres años en Madison (Wisconsin) con el tema premonitorio: Sobrevivir la pandemia.

Contactos:

Cubículo 114 bis de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

drevolucionaria@yahoo.com.mx

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